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Clasificación de los tipos de autismo: ¿Qué significan?

Autor: Giovana Femat Roldán

Cuando a una familia se le presenta un diagnóstico de trastorno del espectro autista (TEA) en un hijo, una de las primeras preguntas que suele surgir es: ¿Qué tipo de autismo tiene? Entender esta clasificación es fundamental para brindar una atención adecuada, trazar un camino terapéutico claro y generar un ambiente familiar de comprensión. Desde la mirada de la neuropsicología infantil, se ofrece una explicación profunda, basada en evidencia, para que madres, padres y cuidadores puedan sentirse acompañados y bien informados.

¿Qué es el trastorno del espectro autista?

El TEA es un trastorno del neurodesarrollo que afecta principalmente la comunicación, la interacción social y la flexibilidad de comportamiento y pensamiento. Se habla de un espectro porque existe una gran variabilidad en la presentación de síntomas, capacidades y necesidades de cada niño o niña. No hay un solo tipo de autismo, sino muchas maneras de ser y percibir el mundo.

¿Sigue existiendo la clasificación por tipos de autismo?

Hasta 2013, muchos profesionales utilizaban subtipos como autismo clásico, síndrome de Asperger, trastorno desintegrativo infantil y trastorno generalizado del desarrollo no especificado (TGD-NE). Sin embargo, con la publicación del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) de la American Psychiatric Association, estos subtipos se integraron en un solo diagnóstico: trastorno del espectro autista.

Esto no significa que las diferencias hayan desaparecido. Por el contrario, ahora se clasifica el autismo basándose en niveles de apoyo requerido y en características específicas de cada persona.

Clasificación actual del autismo según niveles de apoyo

El DSM-5 propone que el TEA se diagnostique indicando la severidad en dos dominios:

  1. Comunicación social
  2. Comportamientos restrictivos y repetitivos

Se definen tres niveles de severidad que indican la cantidad de apoyo que la persona necesita:

1. Trastorno del espectro autista — Nivel 1: Requiere apoyo

Este nivel corresponde, en muchos casos, a quienes anteriormente recibían un diagnóstico de síndrome de Asperger o autismo de alto funcionamiento.

  • Comunicación social:

Dificultad para iniciar interacciones sociales, mantener conversaciones o comprender normas sociales implícitas. Suelen parecer “socialmente torpes” o con intereses muy limitados.

  • Comportamientos repetitivos:

Inflexibilidad en rutinas, dificultad para adaptarse a cambios y conductas repetitivas que pueden interferir con la vida cotidiana.

  • Apoyo necesario:

Terapia conductual, terapia del lenguaje, apoyo escolar y acompañamiento social para mejorar habilidades de interacción.

2. Trastorno del espectro autista — Nivel 2: Requiere apoyo sustancial

En este nivel, las dificultades son más marcadas y evidentes para el entorno.

  • Comunicación social:

El niño o niña puede tener un lenguaje limitado, respuestas sociales atípicas o falta de reciprocidad social. Puede haber dificultades significativas para formar amistades o comprender emociones ajenas.

  • Comportamientos repetitivos:

Se presentan intereses sumamente restringidos, movimientos repetitivos (como aleteo de manos), resistencia intensa al cambio y posibles crisis ante alteraciones mínimas del entorno.

  • Apoyo necesario:

Terapias más intensivas, a menudo con un equipo multidisciplinario que incluya neuropsicólogo infantil, terapeuta ocupacional, fonoaudiólogo y psicopedagogo.

3. Trastorno del espectro autista — Nivel 3: Requiere apoyo muy sustancial

Es el nivel con mayores desafíos en comunicación, conducta y adaptación.

  • Comunicación social:

Existe una severa limitación o ausencia del lenguaje verbal y no verbal. La interacción social es mínima y puede no haber interés aparente en las personas del entorno.

  • Comportamientos repetitivos:

Conductas repetitivas muy frecuentes, marcada inflexibilidad e incluso conductas autoestimulatorias o autolesivas.

  • Apoyo necesario:

Intervención intensiva y constante con un equipo especializado. A menudo se requiere acompañamiento permanente tanto en el hogar como en la escuela.

¿Por qué es importante conocer esta clasificación?

Desde la neuropsicología infantil, comprender estos niveles permite diseñar un plan de intervención personalizado que potencie las capacidades de cada niño y compense las áreas de dificultad. Además, ofrece a las familias una hoja de ruta clara para saber qué esperar y cómo apoyar mejor a su hijo o hija.

¿Qué papel juega la evaluación neuropsicológica en el diagnóstico de autismo?

Una evaluación neuropsicológica infantil es una herramienta clave que permite explorar en detalle las funciones cognitivas, emocionales y sociales de un niño con sospecha de autismo. A través de pruebas estandarizadas, observación clínica y entrevistas con la familia, el neuropsicólogo puede:

  • Identificar las fortalezas y debilidades del perfil neurocognitivo.
  • Determinar el nivel de apoyo necesario en cada área.
  • Proporcionar orientaciones claras para la intervención terapéutica.
  • Ofrecer recomendaciones para la escuela y el entorno familiar.

¿Qué herramientas se utilizan para evaluar el autismo?

Desde la perspectiva de un neuropsicólogo infantil, es fundamental que madres, padres y cuidadores comprendan que la evaluación del autismo no se basa en una única prueba, sino en un conjunto de herramientas complementarias que permiten obtener una visión profunda, precisa y personalizada de cada niño o niña. Estas herramientas están diseñadas para explorar distintas áreas del desarrollo: comunicación, interacción social, conducta, cognición y adaptación. A continuación, se explican las más utilizadas actualmente, con un lenguaje claro, cálido y fundamentado.

1. Entrevistas clínicas y anamnesis detallada

Antes de aplicar cualquier prueba formal, el neuropsicólogo dedica tiempo a conversar con los padres o cuidadores. Esta entrevista busca reconstruir la historia del desarrollo del niño:

  • Edad en la que aparecieron las primeras palabras
  • Forma de juego y socialización en la infancia temprana
  • Presencia de conductas repetitivas o intereses restringidos
  • Dificultades en la alimentación, sueño o regulación emocional

2. Observación clínica directa

Observar cómo el niño se comporta en situaciones naturales o en un entorno estructurado permite identificar:

  • Uso del contacto visual
  • Expresiones faciales y gestos
  • Reacciones ante cambios o estímulos sensoriales
  • Estilo de juego (funcional, simbólico o repetitivo)

Esta observación puede realizarse tanto en el consultorio como, si es necesario, en la escuela o en casa.

3. Autism Diagnostic Observation Schedule (ADOS-2)

El ADOS-2 es una de las herramientas estandarizadas más reconocidas a nivel mundial para la evaluación del autismo. Consiste en una batería de actividades estructuradas que permiten observar directamente comportamientos relacionados con:

  • Interacción social recíproca
  • Comunicación verbal y no verbal
  • Uso de la imaginación y juego simbólico
  • Conductas restringidas y repetitivas

Se aplica de forma lúdica y adaptada según la edad y el nivel de lenguaje del niño. Es considerado el “gold standard” en la evaluación clínica del trastorno del espectro autista.

4. Autism Diagnostic Interview – Revised (ADI-R)

El ADI-R es una entrevista profunda y estructurada que se realiza con los padres. Explora el desarrollo del niño desde los primeros años hasta el momento actual en tres grandes áreas:

  • Comunicación y lenguaje
  • Interacción social recíproca
  • Comportamientos restringidos, repetitivos e intereses

Esta herramienta es especialmente útil para confirmar el diagnóstico y conocer la evolución de los síntomas a lo largo del tiempo.

5. Escalas de evaluación conductual y de desarrollo

Se utilizan cuestionarios que los padres y docentes pueden completar para aportar información sobre el comportamiento cotidiano del niño. Algunas de las más utilizadas son:

  • Escala de Comportamiento Adaptativo de Vineland (Vineland Adaptive Behavior Scales): evalúa habilidades cotidianas como comunicación, habilidades sociales, autonomía y motricidad.
  • Childhood Autism Rating Scale (CARS-2): ayuda a valorar la severidad de los síntomas del espectro autista.
  • Social Responsiveness Scale (SRS-2): mide el grado de dificultades en la comunicación social.

Estas escalas complementan la observación clínica y las pruebas estandarizadas, ofreciendo un panorama ecológico de cómo el niño funciona en diferentes entornos.

6. Evaluación neuropsicológica infantil completa

El neuropsicólogo utiliza baterías que exploran distintas funciones cognitivas y emocionales:

  • Cognición no verbal: pruebas como el Test de matrices progresivas de Raven o la Escala de inteligencia de Wechsler (WISC-V).
  • Lenguaje: pruebas de comprensión, expresión y pragmática (uso social del lenguaje).
  • Función ejecutiva: capacidad de planificar, controlar impulsos y resolver problemas.
  • Memoria y atención: para identificar perfiles cognitivos heterogéneos comunes en el TEA.

La evaluación del trastorno del espectro autista es un proceso complejo y cuidadoso, que requiere de múltiples herramientas, pero sobre todo, de una mirada empática y experta. Desde la neuropsicología infantil, se entiende que cada resultado no solo aporta datos, sino que abre caminos para una intervención que potencie las capacidades, respete los tiempos y fortalezca las habilidades del niño o niña.

Conclusiones

El trastorno del espectro autista no es una etiqueta fija ni una sentencia definitiva. Es una invitación a mirar con otros ojos, a comprender que cada cerebro tiene su propio modo de aprender, sentir y vivir. Con una clasificación clara y un diagnóstico preciso, cada familia puede encontrar las estrategias adecuadas para acompañar a su hijo o hija en un desarrollo pleno y con calidad de vida.