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¿Qué hacer si mi hijo pierde habilidades ya adquiridas?

Autor: Giovana Femat Roldán

Como padres, uno de los momentos más gratificantes es ver a nuestros hijos alcanzar hitos en su desarrollo. Verlos caminar, decir sus primeras palabras o dominar habilidades motoras y cognitivas nos llena de orgullo. Sin embargo, puede ser muy alarmante notar que un niño comienza a perder algunas de las habilidades que ya había adquirido. Este fenómeno, aunque raro, no debe ser ignorado, ya que podría ser un signo de una condición subyacente.

1. Observa cuidadosamente los patrones

Es fundamental que observes qué habilidades están perdiéndose y en qué contexto. Algunas preguntas que puedes hacerte son:

  • ¿Está perdiendo habilidades motoras, como caminar o sostener objetos?
  • ¿Ha dejado de hablar o ha disminuido su vocabulario?
  • ¿Ha retrocedido en habilidades sociales o de interacción?

Llevar un registro detallado de estos cambios te ayudará a proporcionar información valiosa a los profesionales de la salud y permitirá detectar patrones que podrían ser indicativos de una condición específica.

2. Descarta factores temporales

Es importante recordar que algunos niños pueden presentar regresiones temporales en su desarrollo debido a situaciones de estrés, cambios en el entorno o incluso enfermedades comunes, como infecciones virales. Por ejemplo, es normal que un niño que recientemente aprendió a caminar se sienta menos seguro si está atravesando un resfriado. Sin embargo, si la pérdida de habilidades persiste y parece progresiva, es necesario tomar medidas.

3. Consulta a un neuropediatra

Una de las acciones más importantes es consultar a un neuropediatra, ya que este especialista tiene la formación adecuada para evaluar de manera integral el desarrollo neurológico de tu hijo. La pérdida de habilidades adquiridas puede estar relacionada con trastornos neurológicos.

4. Busca apoyo emocional

Tanto para el niño como para la familia, enfrentarse a la pérdida de habilidades adquiridas puede generar gran ansiedad e incertidumbre. Es importante contar con un equipo multidisciplinario que incluya no solo a especialistas médicos, sino también apoyo psicológico o psicopedagógico para el niño y la familia. Esto ayudará a manejar las emociones asociadas y a crear un entorno que favorezca la estabilidad y la recuperación, en caso de ser posible.

5. Intervención temprana es clave

En caso de que se confirme un trastorno neurológico, la intervención temprana es crucial. Terapias como la rehabilitación física, ocupacional, del lenguaje o neuropsicológica pueden ayudar a tu hijo a recuperar o compensar las habilidades perdidas. Además, un diagnóstico temprano puede facilitar el acceso a tratamientos más eficaces, mejorar el pronóstico y maximizar las capacidades de tu hijo.

¿Qué trastornos neurológicos se pueden presentar en la infancia?

Los trastornos neurológicos en la infancia pueden ser variados y afectar diferentes áreas del desarrollo, desde el movimiento y el control motor hasta la capacidad cognitiva, emocional y social del niño. Identificar estos trastornos de manera temprana es crucial para intervenir y brindar el tratamiento adecuado. Aquí te comparto algunos de los trastornos neurológicos más comunes que pueden presentarse en la infancia:

1. Trastornos del Espectro Autista (TEA)

El TEA es un grupo de trastornos del neurodesarrollo que afecta la capacidad del niño para interactuar socialmente, comunicarse y comportarse de manera flexible. Los síntomas pueden variar desde dificultades leves hasta desafíos significativos en las áreas mencionadas. Generalmente, se manifiesta antes de los tres años de edad y puede incluir conductas repetitivas, intereses restringidos y dificultades en la interacción social.

2. Trastornos del Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

El TDAH es uno de los trastornos neurológicos más comunes en la infancia. Se caracteriza por inatención, hiperactividad e impulsividad. Los niños con TDAH pueden tener dificultades para concentrarse en tareas, seguir instrucciones y controlar impulsos. Este trastorno puede afectar su rendimiento escolar y su capacidad para socializar.

3. Parálisis Cerebral Infantil

La parálisis cerebral es un trastorno neurológico que afecta el movimiento, la coordinación y la postura. Generalmente es causada por daño cerebral que ocurre antes, durante o poco después del nacimiento. Los niños con parálisis cerebral pueden presentar rigidez muscular, movimientos involuntarios o dificultad para coordinar los movimientos.

4. Epilepsia

La epilepsia es un trastorno caracterizado por convulsiones recurrentes debido a una actividad eléctrica anormal en el cerebro. Los tipos de crisis pueden variar desde episodios de ausencia, donde el niño parece estar «desconectado» brevemente, hasta convulsiones más severas que implican movimientos incontrolados y pérdida de conciencia. La epilepsia puede interferir con el aprendizaje y el desarrollo normal del niño.

5. Trastornos del Lenguaje

Estos trastornos incluyen dificultades en la producción del lenguaje (expresivo), la comprensión (receptivo) o ambos. Los niños con trastornos del lenguaje pueden tener dificultades para articular palabras, construir oraciones o entender lo que otros les dicen. Si no se interviene a tiempo, pueden afectar la capacidad de comunicación y el rendimiento escolar.

6. Discapacidades Intelectuales

Las discapacidades intelectuales se caracterizan por limitaciones en el funcionamiento intelectual y en las habilidades adaptativas. Esto puede afectar el desarrollo cognitivo, el aprendizaje y la capacidad del niño para realizar actividades de la vida diaria. Estas discapacidades pueden tener causas genéticas, como el síndrome de Down, o estar relacionadas con complicaciones durante el embarazo o el nacimiento.

7. Síndrome de Tourette

El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico que implica tics motores y vocales que comienzan en la infancia. Los tics pueden ser movimientos involuntarios, como parpadeos, sacudidas de cabeza o sonidos repetitivos. Aunque los tics suelen mejorar con la edad, algunos niños pueden experimentar desafíos emocionales o sociales como resultado de este trastorno.

8. Trastornos del Desarrollo de la Coordinación

Estos trastornos afectan la capacidad del niño para planificar y coordinar movimientos. Los niños con este tipo de trastorno pueden parecer torpes o tener dificultades para realizar actividades motoras como escribir, recortar o andar en bicicleta. Estas dificultades pueden interferir con su desempeño en la escuela y en actividades cotidianas.

9. Síndromes Genéticos que Afectan el Desarrollo Neurológico

Existen diversos síndromes genéticos que pueden tener un impacto en el desarrollo neurológico del niño, como el síndrome de Rett, el síndrome de X frágil y el síndrome de Angelman. Estos síndromes suelen afectar el desarrollo cognitivo, motor y del lenguaje, y requieren un enfoque integral de tratamiento y apoyo.

10. Trastornos del Espectro de las Distrofias Musculares

Las distrofias musculares, como la distrofia muscular de Duchenne, son trastornos genéticos que afectan los músculos y pueden causar debilidad progresiva. Aunque estos trastornos están más relacionados con el sistema muscular, también tienen un componente neurológico, ya que pueden afectar la coordinación y el control motor.

11. Trastornos Metabólicos y Degenerativos

Algunas enfermedades metabólicas o degenerativas, como la enfermedad de Tay-Sachs o los trastornos de almacenamiento lisosómico, pueden manifestarse en la infancia con pérdida progresiva de habilidades adquiridas. Estos trastornos suelen ser genéticos y requieren un diagnóstico temprano para intentar frenar su progresión.

¿Cuáles son las señales de alerta?

1. Señales de alerta en el desarrollo motor

Entre 3 y 6 meses:

  • No sostiene la cabeza firmemente cuando se le sostiene.
  • No intenta alcanzar objetos o no sigue con la mirada lo que se le muestra.
  • No empuja hacia abajo con las piernas cuando los pies tocan una superficie firme.
  • Rigidez excesiva o, por el contrario, flacidez en el cuerpo.

Entre 6 y 12 meses:

  • No rueda de un lado a otro a los 6 meses.
  • No se sienta sin apoyo alrededor de los 9 meses.
  • No gatea ni intenta moverse solo.
  • No usa ambas manos de manera equitativa para manipular objetos.

Después de los 12 meses:

  • No camina a los 18 meses.
  • Se cae con frecuencia o tiene dificultad para coordinar movimientos básicos.
  • No utiliza utensilios como cuchara o taza adecuadamente a los 2 años.

2. Señales de alerta en el desarrollo del lenguaje

Entre 0 y 12 meses:

  • No balbucea o emite sonidos hacia los 6 meses.
  • No responde a los sonidos o no voltea hacia la fuente de ruido.
  • No reconoce el nombre propio o no parece prestar atención cuando se le llama hacia los 9 meses.
  • No emite sonidos para llamar la atención ni intenta comunicarse de ninguna forma hacia el año de vida.

Entre 1 y 2 años:

  • No ha dicho palabras simples como “mamá” o “papá” a los 12-15 meses.
  • No sigue instrucciones sencillas a los 18 meses.
  • No forma frases de dos palabras hacia los 24 meses.
  • No usa gestos, como señalar, para comunicarse.

Después de los 2 años:

  • No amplía su vocabulario o repite constantemente las mismas palabras.
  • Dificultad para expresar necesidades básicas.
  • Dificultad para formar oraciones coherentes a los 3 años.

3. Señales de alerta en el desarrollo cognitivo

Entre 0 y 12 meses:

  • No muestra interés en los juegos de imitación como el «esconderse» o el «cucú».
  • No reconoce a los familiares cercanos hacia los 9 meses.
  • No responde a emociones básicas o no muestra apego con los cuidadores primarios.

Entre 1 y 3 años:

  • Dificultad para entender instrucciones sencillas.
  • Falta de curiosidad o interés por explorar objetos nuevos o el entorno.
  • No realiza juegos simbólicos o de imitación, como simular que da de comer a una muñeca o hablar por teléfono.
  • Problemas para recordar nombres de objetos o colores comunes hacia los 3 años.

4. Señales de alerta en el desarrollo social y emocional

Entre 0 y 12 meses:

  • No sonríe ni muestra afecto a los cuidadores principales hacia los 6 meses.
  • No presenta ninguna forma de ansiedad ante extraños o apego con sus padres.
  • No muestra interés por interactuar con personas o imitar expresiones faciales.

Entre 1 y 3 años:

  • No muestra interés en otros niños, ni en jugar o compartir con ellos.
  • No busca consuelo o no se muestra afectivo cuando está angustiado.
  • No responde adecuadamente a las emociones de los demás o parece indiferente a su entorno social.
  • No participa en juegos en grupo ni muestra interés en jugar junto a otros niños.

Después de los 3 años:

  • Comportamiento social inadecuado, como evitar el contacto visual o no responder a interacciones sociales.
  • No expresa emociones o las manifiesta de manera desproporcionada ante eventos pequeños.
  • Conductas repetitivas o intereses restrictivos que interfieren con su capacidad de socializar.

5. Señales de alerta en el desarrollo sensorial

En cualquier momento de la infancia:

  • No responde a sonidos fuertes o no parece notar ruidos a su alrededor.
  • No muestra interés en observar objetos brillantes o coloridos.
  • Excesiva sensibilidad a luces, sonidos o texturas, lo que genera incomodidad o llanto.
  • Reacciones exageradas o falta de reacción a estímulos táctiles, como no notar cuando se le toca o, por el contrario, evitar el contacto físico por completo.

En conclusión, si tu hijo ha perdido habilidades que ya había adquirido, es fundamental actuar de manera pronta y con el apoyo de un neuropediatra. La observación cuidadosa, el diagnóstico temprano y la intervención adecuada pueden marcar la diferencia en el desarrollo y bienestar de tu hijo. No dudes en buscar ayuda y orientación profesional; siempre es mejor actuar a tiempo que dejar que el problema progrese.